30 de mayo de 2011

Somos arquitectos de nuestra vida.

Un arquitecto es aquel profesional que se encarga de proyectar edificaciones, y velar por el adecuado desarrollo de su construcción, es el que interpreta las necesidades de los usuarios y las plasma.
Cuando digo que cada uno es arquitecto de su vida, me refiero a que cada uno elegimos el camino que queremos seguir, velamos por si en la construcción de ese camino, estaremos eligiendo el adecuado, y plasmamos nuestras necesidades, en los ámbitos que mas nos convengan. Sería muy injusto culpar a alguien de los defectos de nuestra construcción, muchas veces es fácil sentirnos libres, echándole a alguien la carga que no es suya, es un acto muy factible para aquel que tiene miedo de la realidad. 
Cuando algo sale mal, el único responsable es el arquitecto, él se ha comprometido con un proyecto, ha diseñado unos planos, las formas, la distribución, un cumplimiento de las normas urbanísticas y constructivas, él será el encargado de elegir a los obreros, electricistas, pintores y techadores, que trabajen en su obra. 
Cuando se trata de nuestra vida, parece una gran responsabilidad dejar todo este cargo en un solo proyecto, pero tenemos la ventaja de habernos contratado nosotros mismos, si la distribución creemos que no es la adecuada, podemos modificarla, no nos podemos conformar con algo que nos guste a medias, por el miedo de tirarlo todo y empezar de nuevo con algo que nos guste aun mas, porque en este caso, lo importante no es acabar el trabajo cuanto antes, es ir lentamente disfrutando de la obra,  rompiendo paredes, y renovando la fachada, ver como avanza, como a veces flojea, y como se hace mejor con el tiempo.
Puede ser que algunos obreros se vayan, algunos pintores no les guste que color elijas, o ya a los electricistas no les quede tanta luz, pero siempre vendrán nuevos obreros, pintores y electricistas que te traerán nuevas ideas y aportaciones, por otro lado, se quedarán esas personas de siempre, que ya están cómodos y acostumbrados a estar en tu obra, en tu vida, esos que son capaces de aconsejarte aunque seas el dueño de las decisiones y se atreven a decirte la verdad, que no es siempre la que quieres oír, y gritas, te enfadas, te vas, reflexionas y te das cuenta que pueden tener razón, al día siguiente vuelves y sonríes, porque todo el mundo puede tener un mal día en el trabajo, 
Todos los arquitectos se equivocan, pero ningún error es en vano, de todos podemos aprender, y  volver a empezar, o si no, aconsejar a otros arquitectos de tus propias vivencias, si no te ayudan a ti tus propios errores, (como seres humanos que somos), puedes ayudar a los demás a que no los cometan.
Como todo trabajo tiene un presupuesto, el presupuesto de nuestra vida, es únicamente aquel que cada uno le queramos dar, puedes pagar poco por una vida fácil y sin preocupaciones, sin cambios teniendo siempre la misma fachada y punto de vista, o arriesgarte, conocer, aprender, fallar, renovar, soñar, cambiar y luchar, pagando ni mas ni menos,  el precio que tiene tu felicidad.


23 de mayo de 2011

" Lo que amo y lo que odio"

En esta vida, podemos etiquetar todo en dos grandes bandos, todo aquello que amamos, y todo aquello que odiamos.
Yo, amo los besos, dulces y lentos, los fugaces e inesperados, amo los besos de amigas y amo los de amantes, los besos en la frente y los besos en los labios.
Amo los animales, no puedo vivir sin Twix...
Odio los gritos, esos que penetran en los oídos como el ruido de un avión al despegar. Odio las injusticias y a las personas injustas, amo la honestidad y a las personas honestas.
Odio el dolor de regla y el de oídos, tanto como la soberbia y el egocentrismo, no somos nada sin los demás. 
Amo a las personas que me acompañan incondicionalmente todos los días de mi vida, esas que conocen cada uno de mis defectos, y me siguen amando, amo a mi familia.
Amo las fotos, me transmiten una imagen de los recuerdos más importantes que he vivido, al igual que la música que te pone la piel de gallina, o los olores que son capaces de transportarme a épocas de mi vida que se quedan guardadas en algún lugar y de repente aparecen.
Amo la amistad, a mis amigos, las personas con las que más comparto confidencias y minutos, algunos estarán siempre y otros se irán pero nunca te podrás olvidar de ninguno.
Odio las mentiras, es una forma parcial o total de ocultar la realidad, es de cobardes y tramposos.
Odio despertarme tarde y ver que he perdido todo el día, amo, llegar a casa a las 6:00 am y quitarme los tacones. 
Amo viajar y conocer gente.
Amo leer y creer que eso me pasará a mi, ir al cine, ver mil veces el mismo capítulo de una historia de amor y no cansarme.
Amo el chocolate, las fajitas mexicanas, la coca-cola, la comida de mami, y las albóndigas de Teté.
Amo el 28 de enero.
Amo la verdad, pero odio decirla cuando duele. 
Amo los domingos en la bodega de Roberto, los domingos lluviosos con una manta y una buena peli. 
Amo más que nada en el mundo, a mis dos almas gemelas.



















Odio la soledad que no puedes elegir, pero amo tener momentos para mi sola.
Amo las miradas, la complicidad, la seducción, el romanticismo y esas mariposas que te recorren el cuerpo, te pueden dar las sonrisas que no has tenido un día cualquiera.
Amo la vida, y todos los riesgos que vivir en ella conlleva.

Amo con todas mis fuerzas al amor, y odio, odio la palabra odio...