30 de septiembre de 2011

Permítame un consejo.


Querida Santidad, no debe ser fácil ser el obispo de Roma, el sucesor de Cristo y la cabeza de la iglesia católica, debe ser duro llevar tantísima responsabilidad a cuestas, si me permite, le daré unos consejos:
¿ Y si empezamos por la igualdad, y usted vive igual que el mundo? ¿ Y si empezamos por la pobreza, y reducimos las 24.000 muertes al día por hambruna? ¿Y si empezamos por las guerras, y desaparecemos los millones de armas? ¿ Y si empezamos por evitar el dolor de reconstruir una casa después de una bomba? ¿Y si empezamos por la igualdad, entre homosexuales y heteros, la igualdad entre hombres y mujeres, la similitud entre África y Europa? ¿Y si empezamos por radicar los maltratos y suprimir la violencia? ¿Y si empezamos por ayudar, proteger, alentar, cobijar, y dar calidad de vida a los 26 millones de niños con Sida? ¿Y si empezamos a incriminar severamente a todos los pedófilos de la Tierra? ¿ Y si empezamos a repartir riquezas, y dar trabajo? ¿Y si esperanzamos con hechos a los padres que no tienen nada que dar a sus hijos? ¿ Y si evitamos las guerras y el desaliento de los familiares que llegan con uno menos a casa? ¿Y si empezamos por evitar las camas hechas de carton en las calles? 
Querido y beatísimo Padre, ¿Y si empezamos por la estética?


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